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Miles de refugiados enmudecidos, miles de inmigrantes jugándose la vida en el mar, españoles rebuscando en los contenedores, millones de niños pasando hambre en verano…. ¿Qué nos está pasando?

Esto mismo se preguntaba el otro día un usuario de Facebook en un foro riojano, relatando decepcionado cómo un señor en plena luz del día necesitaba auxilio y absolutamente nadie se ofreció a prestárselo… Salvo él… ¿Qué nos pasa? Preguntaba…

No pude evitar acordarme de Kitty…

Es verdad que en la conducta de auxilio y ayuda, no ya de las personas individualmente, sino de comunidades enteras, intervienen e interaccionan muchísimos factores entre sí, como la economía, la sociedad, los gustos, las creencias, la educación, etc.

Sin embargo, en la conducta más inmediata de ayuda, dos son los factores que más nos influyen de manera individual, y no fue hasta el caso de Kitty, cuando los psicólogos sociales se decidieran a empezar a dar respuestas a estos interrogantes…

EL ASESINATO DE KITTY GENOVESE

Las 3 de la mañana de un 13 de marzo de 1964. Kitty regresaba a su casa del trabajo en una calle transitada cuando un asaltante le increpó con múltiples puñaladas por la espalda además de agredirla sexualmente, una agresión que duró cerca de 35 minutos y durante los cuales Kitty, no dejaba de gritar que la estaban apuñalando.
Un total de 38 personas presenciaron el crimen, entre los que escucharon sus gritos y los que, desde sus balcones, vieron todo lo que ocurría: pero nadie hizo nada. Nadie llamó a la policía. Sólo un hombre gritó desde el balcón de enfrente que dejaran a la chica en paz, con la única acción posterior de observar como Kitty poco a poco perdía la vida arrastrándose para llegar a su casa. El asaltante subió a su coche y huyó…

Este punto de inflexión social hizo saltar todas las alarmas de la psicología estadounidense, para las que todavía (sinceramente), no había una respuesta válida ni fiable, en un caso que pasó a convertirse para muchos en el antes y el después del conocimiento científico sobre el acto de ayudar al otro cuando se encuentra en apuros.

Tanto es así, que el mutismo y la inacción que gobernaron aquella noche, pasó a denominarse incluso “Síndrome Genovese” o “Efecto Espectador”. .

¿POR QUÉ NADIE AYUDÓ A KITTY? ¿POR QUÉ RAZÓN NADIE LLAMÓ A LA POLICÍA?

Muchos fueron los interrogantes que policía y científicos se hicieron, y muchos fueron los experimentos que junto con ellos, poco a poco fueron arrojando luz sobre el asunto… ​

Todos ellos culminaron en una sólida teoría que demuestra que son dos los procesos fundamentales que provocan el Síndrome Genovese: La Difusión de Responsabilidad y la Ignorancia Pluralista.

LA DIFUSIÓN DE RESPONSABILIDAD Y LA IGNORANCIA PLURALISTA

Cuando nuestro cerebro tiene que tomar un decisión en un corto espacio de tiempo, lo hace en términos de costes y beneficios, y lo realiza mediante procesos rápidos y automatizados. Así, la “Difusión de la Responsabilidad” se refiere a la interpretación que hacemos de que, si hay más personas presentes, el resultado del agravio no es sólo responsabilidad nuestra sino que está compartida entre los demás, por lo que tendemos a relajarnos en pro de nuestro beneficio y al mínimo coste. Mientras que la “Ignorancia Pluralista” se refiere a la interpretación protectora de nuestra mente de que si los demás no han ayudado ya, es porque los costes seguro superan los beneficios.

Así las cosas, aquellas 38 personas seguramente terminaron pensando: “La responsabilidad no es sólo mía, hay más gente, que llame otro (y otro asuma el coste)” y/o “Si esos no han llamado por algo será…”. Lo que hizo que finalmente Kitty, entre unos y otros, perdiera la vida tanto por acción de su agresor como por omisión de los testigos.

Está claro que estos mecanismos automáticos, son un producto mental protector para nuestra supervivencia, pero también que son susceptibles de cambio cuando una persona, como nuestro usuario de Facebook, puede reflexionar sólo un poquito más… Cuando una persona es consciente de que los demás no suelen hacer nada, y aún así, se arriesga a ayudar…

Ahora bien, entonces: ¿está justificada esa protección del Yo por encima del perjuicio de otra persona? O lo que es lo mismo… ¿Esas personas tenían la obligación de ayudar a Kitty? ¿Poseían la facultad necesaria para ser obligadas a hacerlo? Y si vamos un paso más allá…

Como sociedad, y conjunto de individuos que somos, entonces: ¿Estamos obligados a prestar auxilio a nuestros iguales? ¿O sólo lo estamos dentro de nuestra capacidad para hacerlo?

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