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Os dejamos el artículo con el que he colaborado para el medio digital Rioja2:
Este viernes comienzan, oficialmente, las vacaciones de verano para los más pequeños de la casa. Dos largos meses para los padres que deberán hacer encaje de bolillos para sobrevivir a estos días de descanso. Y es que, a partir de ahora, hay que compatibilizar los horarios de trabajo con las ludotecas, los cuidadores privados y más de un familiar generoso. Demasiados días durante los que también surgirán dudas sobre cómo gestionar de la manera más saludable posible, para los padres,  y para los más pequeños, estos meses de verano.

Patricia Merino es psicóloga y colaboradora de Rioja2, y asegura a esta web que “es esperable que todos, pequeños y grandes, estemos más activos durante el verano, cambiemos los horarios y, con ellos, algunas de las rutinas de nuestro día a día. Pero quizás los grandes sufridores, dice, “serán los padres porque los meses de verano suelen ser más estresantes y de muchas idas y venidas“.

Por esta razón, Merino aconseja organizarse con tiempo y meses de antelación. Es conveniente planificar estos días, “con la fexibilidad y los cambios propios del verano porque así nos sentiremos con mayor control y autosuficiencia sobre las modificaciones que vayan surgiendo y no nos afectarán tanto“.

Se trata por tanto de aceptar que habrá cambios, pero que, dentro de ellos, también podemos crear rutinas de verano, que sean más o menos estables en nuestro día a día y que nos permitan manejar mejor tanto los ritmos de ocio, como los de sueño, comidas, y cómo no, los momentos de obligación“.

¿Qué deben y no deben hacer los niños en verano?

Llegados a este punto del calendario, muchos padres quizás tengan dudas sobre qué deben y no deben hacer los hijos durante los meses de verano, si es útil que mantengan la rutina de estudio, si deben o no retrasar la hora de acostarse…. Y, según esta experta, “como norma, es bueno que los niños tengan una nueva rutina que sea más flexible y más permisiva que la del resto del año“. Y es que, añade, al fin y al cabo “a nadie nos gusta que nos levanten temprano en vacaciones pero no tan excesiva para desregular los ritmos de sueño necesarios para los más pequeños“.

Por todo ello, Merino aconseja alargar media hora o una hora arriba o abajo. “Y, por qué no, los fines de semana algo más porque quién no se va a alguna fiesta de pueblo o, simplemente disfruta, de las noche de verano“. Pero eso sí, reitera, “hay que intentar mantener unas costumbres estables durante la semana que también ayude a nuestros pequeños a no desregularse“.

A lo largo del todo el curso, reconoce Merino, “los más pequeños han trabajado duro y son aún muy inmaduros”. Por eso, “necesitan reponerse, necesitan correr, reir, hacer travesuras y mucho deporte en la piscina“. Y es que el verano es la mejor época del año para “explorar con un poco más de libertad aprovechando que pueden mojarse, ensuciarse y ver más mundo…“.

“Lo que no se pone en práctica, se olvida”

Pero aún así, dos meses es mucho tiempo y “no debemos olvidar que lo que no se pone en práctica se olvida“. “Es importante también que todo lo que han aprendido durante el año se mantenga fresco y se entrene de cara al próximo curso”. Ahora bien, ¿significa eso que tenemos que marcar unas rutinas diarias rígidas de estudio? Rotundamente no, asevera Merino. 

Significa que es bueno que actualicen y entrenen el nuevo conocimiento adquirido el curso pasado”. Aunque, “la forma de hacerlo tiene que ser bien distinta a la del colegio porque se trata de desconectar del trabajo pero también de afianzar y aprender“. Así, prosigue, “es una buena idea tener un cuaderno de repasos que el niño trabaje un par de horas a la semana“. Aún así, dice Merino, “no debemos de olvidar que existen formas de aprender mucho más eficaces y divertidas que se adaptan mejor a estos meses de verano“.

Por ejemplo, cuenta, visitar un museo puede ser un buen momento para poner a prueba todo lo aprendido sobre arte a lo largo del curso. “O ir simplemente a hacer la compra para poner a prueba su capacidad de sumar para saber cuánto dinero tendremos que llevar a la tienda“. Igualmente, añade, “un campamento en inglés puede ser la manera más divertida de darle un buen repaso a lo aprendido durante el curso y una excursión al monte puede ser el mejor repaso de lo aprendido en las clases de ciencias naturales”.

Actividades, dice Merino, “placenteras, nada estresantes, reforzantes de conocimientos con las que también podremos reforzar los vínculos afectivos con nuestros hijos“. Y es que, “el verano es precisamente para esto. Son meses de calor, de destape, de fragancia, de agua y frescura, de color y alegría y meses para disfrutar de y con nuestros hijos con estos ingredientes, apertura, flexibilidad y organización“.

Pero aún así, advierte, también habrá días en los que todo se tuerza. “En este caso el mejor consejo es respirar hondo, muy hondo y pensar que no hay sueño que no se reponga, materia que no se resista con un par de clases particulares en invierno o barro que no salga con una ducha fresquita“. Y, ante todo, concluye Merino, “que este verano sea para recordar“.

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